Homilía: la súplica de una mujer atormentada
El texto del Evangelio muestra con gran belleza cómo la fe de una mujer «pagana», por tanto no merecedora de atención, conmueve el corazón de Jesús, produciendo un milagro. Así lo destaca la Hna. Nelly León quien, nos visita este mes. Ver más
Domingo 16 de agosto, 20 del Tiempo Cotidiano
Homilía: la súplica de una mujer atormentada

Contemplar hoy esta escena nos conmueve hasta las entrañas, una madre acongojada suplica de rodillas la curación de su hija, imploraba compasión, era una mujer despreciada, pero no vencida: pues no descansaba y no descansaría hasta alcanzar la bendición de Dios para su hija a quien tanto amaba. Esta escena la he visto y escuchado muchas veces de parte de madres desesperadas ante la enfermedad de sus hijos e hijas, madres que muchas veces por protegerlos a ellos/as están dispuestas a sufrir la cárcel para cuidar a los suyos, así es el amor de una madre, ¿acaso muchos de nosotros/as no le hemos vivido en nuestra propia historia?
La respuesta de Jesús, nos sorprende, porque literalmente le dice que el pan de los hijos, no será dado a los perros, era una mujer cananea, por lo tanto, impura, pagana y excluida, esa era la tradición; Jesús vence esta tradición, porque la salvación es para todos/as y no solo para un grupo privilegiado, o solo para los “buenos/as” que cumplen con todas las prácticas religiosas. Aquí la belleza del texto es la actitud de Jesús que se detiene frente a ella, la escucha, la reconoce y al final el milagro se produce por la FE de la mujer, y eso es lo que conmueve su corazón, exaltándola con sus palabras: “Mujer que grande es tu Fe”.
Pero volvamos al pan de los hijos/as: Los discípulos, como las primeras comunidades, no habían captado el significado del «pan de los hijos». Este pan no es otra cosa que la fe, y esta es la que les falta a los discípulos y la que abunda en la mujer, ellos querían el pan y para ellas las migajas eran suficiente. ¿Cómo está nuestra fe hoy, como la los discípulos o como la de la mujer?
Lo mismo puede suceder hoy a los buenos cristianos/as que cumplen o cumplimos todas las prácticas religiosas, pero sin comprender el valor del pan que se ha de compartir con los hermanos/as. La religiosidad, de este modo, se reduce a una práctica exterior, hecha de palabras, que no logra convertirse en pan para los demás. El pan de los hijos, es el pan que los hermanos/as comparten. Es el modo concreto de ser hijos/as del Padre. El pan de los hijos es el pan que se recoge, se parte, se bendice, se reparte. Cada uno estamos llamados a aportar “hasta que duela” como nos lo dijo Alberto Hurtado, sin mezquindades. Este pan es la misma fe que se traduce en dignidad, respeto y justicia. Y el valor de este pan es donarlo y compartirlo libremente, como práctica concreta de amor fraterno.

Y nunca dejemos de preguntarnos con las palabras de San Alberto Hurtado: “Que haría Cristo en mi lugar”.
Agradecer desde el corazón, en nombre de la Fundación Mujer Levántate a todos y todas nuestros socios y socias de esta comunidad del colegio que con su colaboración ayudan a ponerse de pie a las mujeres e hijos/as que han perdido su dignidad con la privación de la libertad. “Una mujer vale más que un mundo y una oportunidad hace un mundo de diferencia”
Hna. Nelly León Correa
Religiosa del Buen Pastor
Capellana de la cárcel de San Joaquín.

